De las “multitudes inteligentes” a los “cabeza gacha”


Los tiempos cambian a la velocidad con que renovamos los aparatos telefónicos o celulares.  La tecnología corre como una locomotora acelerada que arrastra un carro de innovaciones y renovaciones  y un carro de desechos tóxicos.

El mundo de fines de los años noventa y principios de los 2.000 lo entendía Rheingold como los “smart mobs”, es decir, las multitudes inteligentes, esas redes interactivas de individuos conectados entre sí por los celulares y los mensajes SMS.   En los 90 furiosos, la conectividad era una palabra que no existía.  Las multitudes inteligentes fueron en Chile las manifestaciones de los pinguinos del 2006, hoy convertidos en encorbatados ejecutivos recién salidos fresquitos del horno de la universiaa…

Los tiempos cambian.

Ahora estamos en la época de los “cabeza gacha”, niños, adolescentes y adultos adheridos a la pantalla touch de celulares y tablets, o mas bien dicho, celulares y tablets que vienen con un ser humano adherido a sus pantallas, inclinados hacia la comunicación introvertida, haciendo correr sus dedos sobre una superficie de datos, jovenes sumergidos en el último streamings de mensajes  e imagenes.

Usted puede hablar “fuerte y claro” en una reunión social, pero siempre hay un celular prendido haciendo sonar esos ringtones ridículos, o alguien cabeza gacha leyendo y guasapeando.

– Buenas tardes, quiero comprar un smartphone nuevo.

– Los tenemos con niños y adultos adheridos a la pantalla…

LA OVEJA NEGRA DE LA FAMILIA

Objetos voladores no identificados


En las extensas selvas del Amazonas, hay decenas de tribus de pueblos originarios que nunca han sido contactadas por los ¨modernos¨…o sea por nosotros…

Desde hace algunos años, diversos exploradores, utilizando las modernas tecnologías han tratado de ubicarlas, registrarlas, fotografiarlas y obtener datos de su forma de vida, sin intervenir en forma invasiva.  Pero, para esas remotas tribus amazónicas, situadas cronológica y culturalmente en los tiempos prehistóricos, esas ¨cosas raras¨ que vuelan y hacen ruido son una verdadera molestia.

modernidad y prehistoria

Hace pocos días encontramos en la red social Twitter esta fotografía tomada a unos de esos aviones de exploradores a su regreso de una incursión aérea en la selva amazónica.

Podemos imaginarnos con una cierta sonrisa de ironía el formidable choque intercultural entre la modernidad y la antiguedad que significa para esos seres humanos de la Amazonía, sorprendidos primero por esos vuelos rasantes y después tratando de mostrar su rechazo a esos ¨objetos voladores no identificados¨ disparando con notable puntería sus flechas hacia el fuselaje de esos aviones.

Breve viaje al corazón del centralismo chileno


En la lista interminable de los males políticos y de los defectos de las instituciones en el Chile real, el centralismo ocupa un lugar prioritario.  Desde todas las regiones y comunas de Chile, más o menos distantes del centro político-administrativo (o sea de Santiago), la queja unánime es contra el centralismo, es decir, contra una estructura legal, administrativa, mental y organizacional que se autoreproduce y que concentra y monopoliza la toma de decisiones fundamentales, la distribución de los recursos financieros y/o presupuestarios y de las inversiones.

En Chile existen a lo menos tres formas de centralismo, entrelazadas íntimamente: un centralismo estatal y administrativo (que recae las decisiones en los poderes centrales y en la capital); un centralismo corporativo y empresarial (que concentra y acumula capitales, utilidades, inversiones, decisiones y sedes matrices en la capital) y un centralismo mental y cultural, que considera y cree que Santiago es Chile y se comporta como si Santiago fuera Chile.   Estas formas de centralismo político-corporativo se traducen además en un centralismo territorial que acentúa las disparidades y desigualdades entre las regiones (cuanto más apartadas y alejadas, más desprovistas y atrasadas) y entre las regiones y el centro.

De este modo, el centralismo -como ideología y como modo de organización del poder y de la administración- estructura todo el Estado como una enorme pirámide decisional, donde la base organizacional siempre se somete y depende de las decisiones de las autoridades, servicios, niveles, estructuras o jerarquías “superiores”. 

Finalmente, la decisión o resolución desde un servicio público en una comuna o región, termina “rebotando” en una autorización proveniente de la dirección general del servicio o desde el ministerio en Santiago, como con frecuencia ocurre que las decisiones políticas, económicas o financieras estatales de un ministerio sectorial o de una región en particular,  terminan en el escritorio del Presidente de la República, convirtiendo a este en el Gran Hermano o el Gran Administrador de todo un país de 16 millones de personas.

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Reconstruyéndonos…


Chile es una geografía de terremotos, un territorio de sismos.  Vivimos en perpetuo movimiento telúrico, de sismos sociales y físicos que nos conmueven los cimientos.  Ustedes los chilenos podrían  escribir una “teoría del sismo”, una geometría elíptica de los cambios imprevistos, una gramática de los desplazamientos terrestres y emocionales, de los cambios inesperados y súbitos.  Somos tierra al final y la tierra se mueve sin avisar y cuando la tierra no se mueve, podemos moverla.

Y en la escala de los efectos destructivos de los sismos de la vida, la reconstrucción es una formidable tarea biopolítica (como diría Negri): traspasar los umbrales del sufrimiento, dejar el pasado en el pasado, superar el dolor compartido, vencer los escollos y dificultades con resiliencia, optimismo y sentido de futuro, emprender otros caminos, conjugar otros verbos, formular otros horizontes, enfrentar otras dificultades, preñar el presente de otros futuros, aparecer otros amaneceres y recomenzar otros desafíos.

Se destruyen las ciudades, los edificios y las casas, en los sismos se destruyen a veces vidas, pero los que sobreviven, los que saben sobrevivir, los que luchan para volver a levantarse, reconstruyen sus sentimientos, reconstruyen sus pasiones y sus sueños, reconstruyen sus ilusiones y sus anhelos, sus aspiraciones y sus necesidades.  El sentido profundo de la reconstrucción no está posiblemente, en que se vuelvan a construir nuevas casas para los damnificados, sino en que esos ciudadanos -hombres mujeres niños y ancianos sobrevivientes de la catástrofe telúrica- dejen de vivir indignados por las soluciones lentas e injustas y reconstruyan su confianza en el Estado, en el poder, en la política, en la autoridad… y que vuelvan a sentir que la tierra en que viven es la parte más justa y más prometedora de esta nación que también les pertenece.

Necesitamos creer que podemos reconstruirnos como seres humanos y que podemos construir una nación más justa, más equitativa, más solidaria y mas humana.  Por eso, los ciudadanos se ponen en movimiento.

Umbral


…aturdidos por la velocidad de la vida cotidiana y el estres del trabajo y las cosas mundanas que nos absorben y las minucias de todos los días que son como arboles que no nos dejan ver todo el bosque de la vida y del momento en el que estamos sumergidos, me dá por pensar  que estamos todos viviendo un “momento umbral” de la historia de la humanidad (algunos se dan cuenta y otros más tarde…).

Un umbral es ese espacio  de paso entre dos habitaciones, entre dos lugares, entre dos estados.

Momentos umbral, son esos períodos de la historia en que pasamos de un estado a otro estado, de un estado de sueño colectivo y de adormecimiento (alienación o embrutecimiento) de las conciencias, a un estado de despertar, de formación de una nueva consciencia, es decir, de una nueva comprensión de la vida y de la realidad en la que estamos viviendo.  Dejamos de ser masa y pasamos a ser multitud.  Dejamos de ser yo, tu y el, y pasamos a ser nosotros. Estamos traspasando el umbral desde el estado de alienación al estado de indignados…y después de permanecer como indignados (porque no basta con la indignación), pasaremos a ser movilizados y en lucha. Dejamos de ser masa sumisa y pasamos a ser multitud inteligente.

Dejamos de ser ovejas borregos, sumisos y silenciosos y pasamos a ser ovejas pensantes.  Y esto está ocurriendo en todo el mundo.

La gente toma conciencia del estado desastroso en que tenemos el medio ambiente y la naturaleza que nos rodea; toma conciencia de la desigualdad e injusticia que provoca este sistema neoliberal; toma conciencia de cómo se abusa de los que trabajan; la gente toma conciencia que no son millones de individuos solitarios sino que son millones que pueden organizarse y ponerse en movimiento. La gente toma conciencia que los que producen la riqueza de otros, son los que trabajan y producen.  La gente descubre que una minoría ínfima gobierna sobre la mayoría.

Digamos que nos estamos aburriendo que nos esquilen todos los días y que nos roben la lana, para que unos pocos se vistan bien…

Ellos son apenas el 1% de la sociedad … y nosotros somos el 99%…