El descubrimiento de la TV


Chile posee una loca geografía forjada a punta de terremotos, aluviones, temblores, sunamis, derrumbes y el coraje endurecido y perseverante de sus habitantes.  Nos aferramos a la tierra con la desesperada certeza que este insólito balcón de costa frente al  océano Pacífico no se hundirá y que la naturaleza nos seguirá castigando y golpeando más por nuestros errores que por nuestra manera de vivir.

Por estos días, otra tragedia golpea el territorio y sus habitantes: incendios forestales alimentados por los vientos impredecibles, por la codicia, por la mente enferma de algún pirómano.

Los reporteros y camarógrafos de los “grandes canales de TV” desembarcan entonces -en algunas ocasiones como si fueran los españoles llegando a América- y descubren a humildes campesinos estremecidos por la pérdida de sus animales y sus siembras, a familias arrasadas por el fuego que se llevó sus casas, a niños con miradas asustadas.

La televisión chilena descubre entonces -oh sorpresa!- a ese Chile rural, pobre y escondido, a ese Chile profundo que nunca muestran sus reportajes edulcorados de gastronomía o sus sobrevuelos de drones.

Cada cierto tiempo, para alimentar el morbo de las escenas dramáticas frente a las llamas de la curiosidad malsana, la TV descubre ese otro Chile que nunca reportean.

Y cuando se termine la tragedia y se desarmen los hospitales de campaña y los canales desmonten sus antenas, todo volverá -aparentemente- a la normalidad.

ovejanegra8

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