Animales urbanos


La principal diferencia entre los felinos (incluso los felinos domésticos) y los seres humanos de la ciudad, es que ellos se mueven ágilmente en el medio urbano (escalan muros, atraviesan tejados, cruzan patios y reconocen rincones y sótanos, todo con el mayor sigilo), pero los animales urbanos nos volvemos torpes en el medio natural.

Haga usted la prueba de salir al campo sin llevar ninguno de esos artilugios urbanos que se compran en los supermercados y ferreterías.   El bicho humano nacido en ciudad no tiene las habilidades cazadoras y recolectoras (o las perdió en algún momento de la historia de la humanidad y de la “civilización”…) suficientes para prender fuego sin esas cajitas de fosforos que siempre se olvidan en casa, ni para atravesar un río sin quedar mojado hasta el cuello, ni trepar a un árbol para ver si viene algún animal indignado.   Dicen los expertos en biología antropocéntrica y los antropólogos del animal urbano que la única ventaja de salir al campo es que uno puede dejar salir libremente sus gases y nadie se da cuenta…por lo que me han contado…

Ustedes los humanos incluso serían casi todos incapaces de reconocer la hora del día mirando la sombra del sol, aunque en realidad a quién cresta le interesa saber la hora, si hemos venido a descansar y a vacacionar…

Pero no, para salir al campo desde la ciudad nos equipamos los animales urbanos con la secreta intención de trasladar todas las comodidades e incomodidades de la vida urbana a un pedazo de campo con paisaje incluido: silla plegable para no ensuciar sus nalgas en el pasto, carpa desmontable para protegerse del mismo sol que vinimos a disfrutar, abundante bloqueador solar factor “no se cuantito¨, sombreros alones (tan ridículos que uno no los usaría en la ciudad), cocinilla a gas ultra-sofisticada pero cuyo catálogo de instalación viene en chino, si es que no se quedó en la caja comprada en el super, mesas plegables para comerse una pobre chuleta de cordero quemada con una miserable cucharada de ensalada rusa, un equipo de música o una radio portatil para escuchar el partido de futbol o esa música pachanguera pero a todo volumen…y no falta el desubicado que se lleva al campo una brujula y un largavista de última generaciòn…y duerme a toda panza toda la tarde en la carpa.

Tratamos de llevar la ciudad al campo, pero somos incapaces de llevar el campo a la ciudad.

A decir verdad, la tumultuosa salida familiar al campo los fines de semana se convierte en un virtual traslado de domicilio: carpas, mesas, sillas, coolers, y comida preparada como para alimentar un batallón completo.   Una empresa de transporte y desalojos ganaría millones organizando salidas al campo.

Pero además, en estos tiempos postmodernos, el bicho humano actúa bien precavido: se lleva su tablet y su teléfono celular al campo…por si acaso lo llaman del comando de Michelle Bachelet…

Aún así, el placer de salir al campo, no puede estar completo, si usted, pobre e indefenso animal urbano, no se manda más de 6 horas de humo cerca, lejos o al lado de una fogata que le agrega más calor a la tarde de enero.   El humo le servía a los aborígenes de antaño para saber dónde estaban las tribus amigas o enemigas: en este siglo XXI, el humo nos sirve para lagrimear todo el día suponiendo que venimos al campo a disfrutar y a pasarlo bien…

En todo caso, desde aquí de la pampa patagónica, a pleno humo y a pleno viento de 60 kms. por hora, me niego rotundamente a subirme a un árbol.

Perdón…está sonando mi celular…

LA OVEJA NEGRA DE LA FAMILIA

ovejanegra7

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