La metáfora de la libertad


En el solemne silencio de la madrugada, una gaviota emprende el amanecer. 

Una mirada se eleva desde el sur del sur del mundo, sobre las olas profundas y desde último estrecho de los mares. 

En la simple maravilla del firmamento enrojecido, una mirada se sorprende y otra mirada se emociona, porque ese vuelo tenue y desconocido, esa gaviota inesperada que sube,  deja atrás el tiempo y encuentra solitarias las olas aladas del viento, el oleaje invisible de la mañana que despierta.

Amanecer en el estrecho de Magallanes (ilustración de Eliana R. Gallardo)

Dime que tu libertad vale tanto como la libertad de todos.   Dime que cada mañana te levantas para luchar por la libertad pendiente, por la justicia insatisfecha, por la dignidad despojada, por la igualdad agredida.  Ese cielo enrojecido y austral te recuerda, el color definitivo de tu corazón.

Una gaviota escribe en las nubes su certera ortografía  de la libertad, el aleteo de sus palabras desconocidas, mientras el silencio la eleva en su vuelo de campanas hundidas y de sal dormida.

Cuando se despierta la mañana en el estrecho de Magallanes, una gaviota libre sale a recorrer los horizontes.

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